lunes, 20 de diciembre de 2010

Entrevista con Fernando Cantalapiedra: “La Reconquista no acabó en 1492 sino en 1609”

Fernando Cantalapiedra, madrileño licenciado en Derecho y Económicas. Comienza su actividad política en la gestión pública como representante universitario en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido Presidente Nacional de la Confederación de Asociaciones de Representación Universitaria y del Sindicato Español Universitario. En la actualidad ocupa la presidencia del Frente Nacional. Atraído por la historia de España vino a Valencia a dar una conferencia en la sede de E2000 sobre el IV Centenario de la Expulsión de los Moriscos. Con él mantuvimos una conversación sobre este tema que ha pasado desapercibida para los medios de comunicación.


EM.- Los centenarios suelen celebrarse ¿por qué este no ha gozado del favor mediático?

Fernando Cantalapiedra.- Porque chocan con la doctrina oficial compuesta por palabras fetiche: multiculturalismo, alianza de civilizaciones, cultura mestiza, integración. Todos esos fetiches fracasaron en nuestra tierra entre 1492 y 1609. Los Reyes Católicos y los Grandes Austrias intentaron generosamente integrar a los moriscos y el resultado después de un siglo de mano tendida fue cero. El IV Centenario de su expulsión ha sido la patata caliente que nadie sabía ni quería abordar. Es inevitable realizar paralelismos con lo que está ocurriendo aquí y ahora.


martes, 14 de diciembre de 2010

Estudios sobre el fascismo III. Las distintas componentes del fascismo. 3. Sindicalismo revolucionario

Infokrisis.- A partir de 1902 y hasta 1905, Mussolini evoluciona “en la estela del sindicalismo revolucionario” (1). Se encuentra exiliado en Suiza y permanece allí entre julio de 1902 y noviembre de 1904 colaborando asiduamente con la publicación L’Avenire del lavoratore, semanario del Partido Socialista Italiano en ese país y luego con Il Proletario, igualmente socialista y publicado en Nueva York. Zeev Sternhell cree posible que durante la permanencia de Mussolini en Lausana asistiera a las clases de Vilfredo Pareto (2). En esa época también se nutría de Marx (“el más grande de los teóricos socialistas” como había escrito) y el profesor Sternhell ve también influencias de Rosa Luxemburgo, Guesde y Jean Jaurès, pero también de Georges Sorel y Antonio Labriola… Seguramente Sternhell tiene razón cuando dice que en esa época Mussolini era “un militante socialista intelectualmente a la deriva”.


Labriola había militado desde 1895 en las filas del socialismo napolitano y en 1898 debió exiliarse a Suiza a causa de su participación en los motines que tuvieron lugar ese año en Italia. En el exilio tomó contacto con Vilredo Pareto y luego, ya en Francia, conoció las ideas de Georges Sorel que incorporó a su revista. En 1900 volvió a Italia y dos años después fundó en Mlán Avanguardia Socialista con la que Mussolini colaboraría prácticamente desde su fundación. Esta publicación se convirtió en el portavoz de la corriente “revolucionaria”, también llamada “sindicalista revolucionaria”, dentro del PSI (3). 

domingo, 12 de diciembre de 2010

Estudios sobre el fascismo III. Las distintas componentes del fascismo. 2. Futurismo

Info|frisis.- Existe una total unanimidad en reconocer al futurismo un carácter “revolucionario” aunque no esté claro exactamente que se quiere afirmar con ello. Para unos, el futurismo sería “revolucionario” en la medida en que rompería con los esquemas de expresión artísticas vigentes hasta ese momento y, en este sentido sería una de las vanguardias aparecidas en las primeras décadas del siglo XX. El futurismo fue, en efecto, una corriente artística pero, como posteriormente ocurrió con el surrealismo, sus miembros participaron políticamente y a diferencia de esta corriente mayoritariamente ganada por el marxismo, los futuristas –especialmente sus máximos exponentes– se identificaron con el fascismo. 

El camino hacia el futurismo

Para otros, “lo revolucionario” en el futurismo serían todas aquellas connotaciones destructivas y provocativas que se incluyeron en sus manifiestos. Así pues, el futurismo sería “revolucionario” porque exaltaría la violencia, la máquina, el desenfreno tecnológico y la guerra. Hay en el futurismo un evidente “signo de los tiempos” que remite a tres influencias perfectamente identificadas: de un lado la filosofía de Nietzsche en interpretación libre, de otro una reacción neorromántica que en lugar de tender hacia el medievalismo como fue usual en esta corriente decimonónica se orientó hacia una especie de culto al progreso, el maquinismo y la velocidad; y, finalmente, un estilo de vida exaltado, libre y aventurero que conducía directamente a excesos.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Estudios sobre el fascismo II. Las distintas componentes del fascismo. 1. Nacionalismo

Infokrisis.- Robert Paris (1) cita una frase extraída de las Lecciones de Harvard de Gaetano Salvemini (2): “Si el fascismo presentaba una doctrina coherente, lo debe al hecho de que los fascistas han adoptado otra vez el conjunto de la doctrina nacionalista”. La frase es ilustrativa de la importancia que se le da a la doctrina nacionalista que fue recogida por Mussolini y es, de hecho, una de las componentes de cualquier forma de fascismo y, en nuestro juicio, la componente, como veremos, más importante. A fin de cuentas, el fascismo es una forma de exaltación nacional con la novedad de que a esto le viene añadida un ansia de justicia social. 

La frase de Salvemini es admisible especialmente a partir del 23 de febrero de 1923 cuando los “camisas azules” nacionalistas y los “camisas negras” fascistas se fusionaron formándose el Partido Nacional Fascista. Pero cuando se produce esta fusión, el nacionalismo italiano ya es muy diferente del que había nacido a mediados del siglo XIX, por lo que sería mucho más justo decir que los “nuevos nacionalistas” que aparecieron en el período del intervencionismo y durante el ascenso del fascismo fueron progresivamente convergiendo con Mussolini entre 1919 y 1923 que había adoptado la mayoría de sus tesis. La fusión final reconocía la identidad entre ambas formaciones.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Futuro identitario: por una salida identitaria a la crisis

Infokrisis.- La historia es dinámica y suele circular a más velocidad de lo que percibimos. Estamos entrando en un nuevo momento histórico: la crisis económica se superpone a la crisis étnica y al descredito de los partidos hasta ahora mayoritarios. Esto abre las puertas de par en par a las nuevas opciones identitarias que día tras día se afirman en todos los países europeos. ¿Y en España? Los que hemos llegado tarde a la democracia también llegamos tarde a la cita identitaria, pero no por mucho tiempo.

Todo el país está preocupado por Belén Esteban y por los nuevos rostros que aflorarán con la enésima edición del Gran Hermano. El fútbol se ha convertido en algo diario y raro es el día que algún canal de TV no retransmite un encuentro deportivo irrelevante. Los fines de semana resulta difícil encontrar una radio que no retransmita un partido, incluso de categoría regional. Y las fiestas mayores del verano y del principio del otoño promovidas por los ayuntamientos son cada vez más ostentosas y se diría que para ellas la crisis no ha pasado: hay bajadas presupuestarias para todo menos para el panen et circensis. Los pequeños parlamentos regionales, a falta de temas de mayor calado, legislan sobre la rotulación de los comercios, sobre los correbous o sobre la utilización de caminos vecinales, pero medidas contra la crisis, ninguna; acaso porque no existen. Incluso cuando se produce una noticia de calado como el inicio del juicio por el Caso Malaya, todo tiende a frivolizarse y parece como si estuviéramos ante un nuevo episodio del colorín en lugar de ante un caso ejemplar y que podría ser ejemplarizante de corrupción en el cual unos “listos” deberán responder de sus exacciones. España está así: entre adormecida e idiotizada, mientras todo un país bosteza, se pierde el ritmo de la modernidad. 

El Caso Petiot Después de todo su coartada era auténtica…


Infokrisis.- Félix Petiot, más conocido como el Doctor Petiot consiguió llamar la atención en los últimos meses de la II Guerra Mundial y fue guillotinado como asesino en serie en 1946. Las biografías dicen de él que se “hizo pasar” por miembro de la Resistencia francesa para atraer a sus víctimas, la mayoría judíos, y asesinarlas con tranquilidad. Se cree que el número total de asesinatos que cometió a partir de 1942 estuvo próximo al centenar. Atraía a gente que deseaba huir de Francia explicándoles que él podría sacarles hacia Argentina ya que dirigía una red de la “resistencia”. Escuchar
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Luego, desaparecían y con ellos sus joyas y riquezas que intentaban trasladar. En el curso del proceso al que fue sometido se estimó que se había quedado con 200 millones de francos… que jamás fueron encontrados. Petiot era miembro de La Charca…

La CIA que precedió a la CIA


Infokrisis.-En el mes de agosto de 2010 se desclasificaron los documentos albergados en los archivos de Washington sobre una red de espionaje de carácter privado que operó en los EEUU en los años 40 y 50. Estaba dirigido por John Grombach y sus “hazañas” han pasado al cine en varias películas (El Sastre de Panamá, Misión en Berlín, El buen pastor). Algunos de los misterios de la II Guerra Mundial pasan a través esta red conocida como La Charca, pero también pasan algunos escándalos aun no explicados suficientemente.

En la fría noche húngara de noviembre de 1947, un matrimonio y su hija de apenas cinco años, se encierran en cajas y abandonan el país en dirección a los EEUU. Se trataba de Zoltan Pfeiffer y su familia, un destacado líder de la oposición anticomunista. Habían sido sacados del país por una extraña red de inteligencia operativa, no oficial, completamente clandestina y de la que ni siquiera se conocía el nombre, pero de la que se sabía en los ambientes de la “comunidad de inteligencia” que recibía el nombre de “La Charca” (luego, siguiendo la misma tónica, la CIA sería llamada “La Bahía” y el Departamento de Estado “El Zoo”).

Estudios sobre el fascismo. 1. El intervencionismo italiano

El fascismo histórico nace de en un clima agitado en el que un sector de la sociedad italiana exige que el país intervenga en la Primera Guerra Mundial. Esa actitud crea especialmente tensiones dentro del Partido Socialista en el que ha emergido la figura de Benito Mussolini que, finalmente termina fundando un periódico belicista que constituirá la médula originaria del fascismo.

El papel de Italia en la I Guerra Mundial fue bastante deslucido desde el principio. Inicialmente, el país estaba ligado al Reich Alemán y al Imperio Austro-Húngaro, constituyendo la “tercera pata” de la llamada Triple Alianza. Este pacto fue un producto del diseño internacional plasmado por el canciller Otto von Bismarck que unió inicialmente a los dos países germánicos a los que más tarde se uniría Italia. El ingreso de Italia se produjo tras la negativa del Imperio Ruso a integrarse en una alianza defensiva a causa de sus desavenencias con Viena. Esto ocurría en 1887.