sábado, 12 de marzo de 2016

Psicopatología del antifascismo. Análisis de una enfermedad del alma.


Infokrisis.– Amadeo Bordiga, secretario general del Partido Comunista Italiano en los años 20 y disidente del stalinismo decía literalmente: “Lo peor del fascismo será el antifascismo”. Esta sentencia queda confirmada por el seguimiento de las páginas “antifas” de la web. Hasta la aparición del Internet, el antifascismo era un residuo impenetrable al que solamente sus últimos mohicanos prestaban atención. Internet lo ha convertido en la ventana abierta de una patología social, relativamente compleja en unos casos y más simple que el mecanismo de un botijo en otros. Hela aquí expuesta para los lectores de infokrisis. [Este artículo fue escrito en 2007]

Pero ¿qué es el fascismo?

Hablando con propiedad, el fascismo fue el movimiento político italiano creado por Benito Mussolini de procedencia socialista, por los futuristas y por los nacionalistas italianos después de la Primera Guerra Mundial y que gobernó Italia durante 20 años, cohabitando con la monarquía de los Saboya y teniendo una prolongación de apenas dos años en la República Social Italiana. Así pues, históricamente, no hubo más fascismo que éste: tal fue el fascismo stricto sensu.

Desde el punto de vista de las tipologías políticas se conoce por generalización abusiva como “fascismo” a los movimientos que, en líneas generales, tienen un alto grado de similitudes con el fascismo italiano y en esto entran movimientos muy diversos, todos los cuales tienen como características comunes: nacionalismo, movimiento de masas, interclasismo, partido único y liderismo, militarización de la vida, respuesta al comunismo, antiparlamentarismo, y voluntad de llevar a la práctica una política social avanzada que pudiera rivalizar con la agitada por la izquierda. Las componentes de estos movimientos, que se dan en todas las formas de fascismo, proceden de sectores de la izquierda, de la burguesía y de los excombatientes de la Gran Guerra. Debemos al profesor Zeev Sternhell un formidable estudio sobre estos movimientos en su libro Ni derechas, ni izquierdas, no traducido en España.