viernes, 14 de julio de 2017

Segunda carta abierta a un independentista


Querido independentista:

El 23 de diciembre de 2013, hace ya casi cuatro años, te escribí una carta que venía ilustrada por una bandera independentista rota por los vientos y colocada en Calella. Desde entonces tus amigos han repuesto hasta en tres (quizás cuatro) ocasiones esa misma bandera que, inevitablemente, el tiempo castiga, como castiga también a tu ideal, la independencia de Cataluña.

Te escribo de nuevo cuando mis circunstancias personales han cambiado completamente: la política ha dejado de interesarme; es así de simple. La sensación de que España no tiene remedio y de que, a nivel mundial, las fuerzas que se oponen a los procesos de decadencia están irremisiblemente vencidas, especialmente en Europa y en los Estados Unidos, me induce a pensar que no vale la pena realizar esfuerzo alguno, al menos en mi patria, y en ningún sentido. Hace pocos días celebré no haber leído a tiempo un SMS que me hubiera casi obligado a asistir a una comida en Valencia en la que algunos “salvadores de España” llegados de Madrid propusieron la realización de acción para “reforzar la unidad nacional”… De haber asistido, les hubiera dicho algo tan simple como que la unidad nacional no está en peligro (lo cual no quiere decir que el patriotismo español atraviese su mejor momento). Y es que, ni tú ni los tuyos sois un peligro para el Estado Español. Más que tigres de papel, habéis demostrado ser gatos callejeros de peluche. “Gatos” porque apenas arañáis, en absoluto asestáis zarpazos; “callejeros” por vuestra falta de estilo; “de peluche” por lo inofensivo de vuestro accionar.

Oídme bien: las naciones no se construyen con declaraciones ni con referéndums, las naciones se construyen con proyectos que van más allá de acudir a una urna a depositar con expresión bovina un papelito; las naciones se construyen “tendiendo rieles de acero sobre ríos de sangre”. Claro está que ni vosotros, ni vuestros precedentes, habéis estado dispuestos nada más que a acudir a manifestaciones con el bocata pagado, colocar en vuestros balcones banderolas subvencionadas o compradas en los todo a 1 euro (de las que se destiñen en quince días)  y poco más; vuestra "lucha" consiste, hoy, sobre todo, en convencer a convencidos. El hecho de que no haya ni siquiera funcionarios de la Generalitat dispuestos a firmar la compra de las urnas para la francachela del 1º de octubre o que la Generalitat siga absorbiendo dinero del Fondo de Garantía Autonómica para financiar el costoso “proceso”, es el síntoma de lo que tus jefes están dispuestos a arriesgar. Nada. Ninguno de ellos quiere que se lo coman los chinches de la Modelo o compartir celda con un carterista marroquí.

miércoles, 28 de junio de 2017

Sobre la reconversión industrial

(lo que queda de los altos hornos de Sagunto: un parque turístico...)

Reflexiones en torno a una conferencia sobre la reconversión industrial

Hasta hoy no había tenido ocasión de leer el texto de la conferencia pronunciada por Carlos Martínez-Cava. Me parece muy interesante, ajustado a la realidad y que refleja el dramatismo de aquella verdadera traición al país. La reconversión fue, en efecto, el pago a la deuda contraída por González con la locomotora franco-alemana de la época. 

Precisamente hace unos días estaba leyendo algunos textos esclarecedores sobre la economía del Tercer Reich. Es claro que Hitler quería una "Europa Alemana" y para ello actuó en tres frentes: en primer lugar resolver la "cuestión social" (1933-1936), luego generar un centro germánico de poder geopolítico-económico-industrial (con la remilitarización del Sarre, la incorporación de los Sudetes, el Anchluss, la incorporación del territorio de Memel, la satelización del cuatrilátero de Bohemia-Moravia en forma de protectorado y Eslovenia, el acuerdo estratégico con Hungría y, por fin, el Pacto Antikomintern) y, finalmente, practicó una política de acuerdos de paz con distintos países (empezando por el acuerdo con Polonia y luego el acuerdo naval con Inglaterra, los Acuerdos de Munich, etc). Era evidente que con un polo en Europa central de esa magnitud, la vida de todo el continente giraría en torno a Alemania automáticamente. Así pues, es indudable que Hitler quería una "Europa Alemana"... que es muy diferente a esa otra "Europa alemana" que tenemos hoy. Aquella Europa se basaba en un "nuevo orden europeo" con tes orientaciones: Alemania potencia continental en Europa - Inglaterra potencia oceánica - Italia potencia mediterránea.

CONOCER EL YIHADISMO – TODO LO QUE ES NECESARIO SABER SOBRE EL NUEVO TERRORISMO – Ryan Ymas


Un nuevo libro low-cost, 100 páginas puestas en casa, por apenas 7 euros. Accesible a todos y que interesa a todos. ¿O es que alguien cree que España se va a ver libre del terrorismo yihadista? En los últimos tres años, el yihadismo ha causado casi 400 muertos y 1.500 heridos en Europa. Así pues, está vivo y activo en el continente. El hecho de que en España no se hayan producido atentados no viene dado por las continuas detenciones que realiza la policía (que simplemente realiza una vigilancia sobre redes sociales), sino por el hecho de que, hasta ahora, ningún yihadista se ha propuesto atacar en España. No es llamar al mal tiempo, sino constatar una realidad, el afirmar que estamos en puertas de una ataque del islamismo radical en nuestro país. Especialmente Cataluña es una zona sensible: allí hay una inestabilidad política acusada, la debilidad del Estado mayor que en cualquier otro lugar de Europa y, sobre todo, donde existe la mayor acumulación de islamistas de toda España. Porque hay que hablar del Islam.

En efecto, mientras la “corrección política” implica distinguir entre “islamistas” y “yihadistas”, la triste realidad es que si bien no todos los islamistas son yihadistas, sí en cambio, todos los yihadistas son islamistas. La tónica de los medios de comunicación y de los gobiernos europeos es tratar de no ofender a la comunidad musulmana mencionando que el común denominador de todos los yihadistas es… pertenecer al Islam. Y así, si se niega este elemento, no hay forma de diagnosticar el mal, ni mucho menos de acometer una solución.

En este libro se trata de:

1) de establecer que estamos ante un nuevo tipo de terrorismo que no tiene nada que ver con el de Al Qaeda o con el que apareció en los años 80 vinculado a las organizaciones Hamas y Herzbollá,

2) de explicar porqué yihadismo e islamismo son interdependientes y porqué la yihad es uno de los “pilares del islam”,

3) de presentar los resortes psicológicos y el perfil de los yihadistas que han protagonizado las acciones terroristas de los últimos años,

4) de recordar lo que ha supuesto el islam en la historia de Europa y cuál es su situación real en estos momentos en España y

5) de prever cómo se desarrollarán los acontecimientos en los próximos años y formular algunas propuestas de resolución que están ligadas íntimamente al control de los flujos migratorios.

Cuando el terrorismo de ETA y del GRAPO están liquidados, cuando en Europa ya no existen ni las Brigadas Rojas, ni el IRA, ni la Banda Baader-Meinhoff, cuando el continente podría considerarse libre de cualquier forma de terrorismo, llega el terrorismo yihadista que tiene como rasgo esencial el ser INDISCRIMINADO. Nos puede afectar a cualquier, en cualquier país y en cualquier momento. Tal es el gran enemigo: no afecta a nuestra economía, ni a nuestras libertades, afecta a nuestra vida y a la de nuestros seres queridos.

Se trata, no solamente de comprender la gravedad de la irrupción del yihadismo en Europa, sino también de reconocer el problema y plantarle cara: porque no es un fenómeno artificial, es muy concreto, surgido de una interpretación de ciertos versículos del Corán unidos a una psicología y un estado de ánimo particulares muy frecuente entre la inmigración islámica en Europa.

Y el fenómeno del yihadismo no lo reconoceremos gracias a los telediarios ni a los informes de los gobiernos occidentales que mienten descaradamente, practican la política del avestruz y serían capaces de cualquier cosa con tal de no tener que enfrentarse a los millones y millones de islamistas que ellos mismos han permitido que se establecieran en Europa…

Estas 100 páginas te ayudarán a tener una visión muy concreta del problema, a verlo en su verdadera dimensión. Tendrás ocasión de renovar y revisar algunas ideas sobre el terrorismo y, más especialmente, sobre el terrorismo yihadista. Sabrás por dónde discurren las soluciones. Esta obra te facilitará un patrón para medir la gravedad del problema y el nivel de mediocridad y villanía de los gobiernos europeos.

Sumario de la obra:

Introducción........................................................................   5
Capítulo I. POLÍTICA E ISLAM.  LAS POSICIONES.............................. 15
Capítulo II ESPAÑA NUNCA FUE “EL PAÍS DE LAS TRES CULTURAS”........... 18
Capítulo III LA MEDIA LUNA ISLÁMICA........................................... 35
Capítulo IV LA GUERRA SANTA EN EL ISLAM................................... 39
Capítulo VI DATOS PARA MEDIR EL PROBLEMA................................ 65
Capítulo VII ¿YIHADISMO EN ESPAÑA?............................................ 77
Capítulo VIII EL YIHADISMO YA ESTÁ AQUÏ...................................... 88
     Los crímenes yihadistas en Europa.......................................... 88
Capítulo IX  La DEFENSA FRENTE AL YIHADISMO............................... 93
Conclusión. MIRANDO HACIA EL FUTURO........................................ 97

Ficha técnica:

Tamaño: 15x22 cm.
Páginas: 102
Portada en cuatricomía plastificada
Impreso en papel blanco de 80 grms.
Precio de venta al público:
1 ejemplar :7,00 euros (gastos de envío incluidos)
10 ejemplares: 45,00 euros (gastos de envío incluidos)
20 ejemplares: 80,00 euros (gastos de envío incluidos)
Fuera de España: 1 ejemplar 15,00 euros (gastos de envío incluidos)

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martes, 20 de junio de 2017

Acaba de aparecer: ROSTRO Y DRAMA DE FALANGE ESPAÑOLA



ENTREVISTA CON EL AUTOR

¿Queda algo por descubrir en la historia de Falange Española?

No tanto por descubrir, como por interpretar. Realmente, desde los años 90, prácticamente es difícil que aparezcan nuevos datos sobre la historia de Falange y si aparecen, indudablemente, se trata de elementos poco relevantes. Últimamente, ha aparecido algún libro nuevamente hagiográfico sobre Falange, pero nada nuevo, en definitiva. El trabajo que nosotros hemos realizado ha consistido en reordenar todas las piezas del puzle y establecer una teoría nueva sobre el origen y el papel de Falange Española durante la Segunda República.

Así pues, Rostro y drama de Falange Española ¿no es una reiteración de los lugares ya conocidos sobre la historia de este movimiento?

miércoles, 31 de mayo de 2017

Revista de Historia del Fascismo nº 51 - Primavera 2017 - Sumario



REVISTA DE HISTORIA DEL FASCISMO, Nº 51 – PRIMAVERA 2017
DOSSIER ERNST JÜNGER

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miércoles, 24 de mayo de 2017

Respuestas ante el último atentado yihadista


¿Terminaremos por considerar el terrorismo yihadista en su verdadera y única dimensión? ¿Será capaz Europa de iniciar un debate sobre lo que supone convivir con una superstición que recompensa con el “paraíso” a quien muere en la yihad y al que considera que “yihad” es asesinar a inocentes? Para poder realizar diagnósticos eficaces ante los problemas reales, es preciso conocer su etiología y su verdadera dimensión.

Estas reflexiones nos dan algunas claves del problema:

1) ¿Por qué se ha producido? Porque los creyentes en el Islam sufren la peor de todas las estafas a la esperanza: la propuesta de que “morir en la yihad” da acceso a un paraíso sensualista. Obviamente, un príncipe saudí no se inmolará en la yihad: tiene todo lo que Alá le pueda dar, no necesita morirse para llegar al “paraíso”. En cambio, un musulmán que malvive tirado en Palestina, en Kandahar o en los arrabales de cualquier ciudad europea, la única forma que tiene de acceder a los “siete castillos de jade, cada uno con siete harenes y cada harén con 77 huríes, manteniéndose eternamente en los 33 años y en estado de erección permanente” (tal como garantizan los ulemas del islam), es morir en la yihad. Luego, claro está, nadie vuelve presentando una protesta al sponsor por publicidad de un producto que crea expectativas imposibles de satisfacer…

2) ¿Por qué no dejarán de producirse atentados yihadistas en Europa? Porque el 80% de musulmanes que viven en Europa viven de los presupuestos públicos (es decir, subvencionados), que con suficientes como para garantizar la supervivencia sin grandes esfuerzos, como para tener los servicios básicos cubiertos, pero no cubren las expectativas de lujo que muestran los escaparates europeos. Esto genera en los islamistas un estado de frustración que les hace tomar la “directa”, evitar lo problemático del pequeño menudeo de droga y de la delincuencia de baja cota, pequeñas estancias en cárcel (que registran habitualmente los yihadistas eurpeos), y “tenerlo todo” muriendo en la yihad. A fin de cuentas, esa eventualidad supone solamente pasar miedo cinco minutos y renacer como privilegiado en el paraíso de Alá.

3) ¿Qué puede hacerse ante los yihadistas? Ser claros: decirles claramente, que el hecho de que un texto sagrado prometa algo, no quiere decir que sea una realidad tangible. Habitualmente, las religiones –especialmente la islámica– son un conjunto de normas para regular una sociedad mediante una sanción indiscutible (divina). Pero no implica que lo prometido sea algo real; dicho de otra manera: el “paraíso de Alá” es un mito tranquilizador para los fieles que creen en el islam, les ofrece una garantía de que sus sueños serán satisfechos en el más allá… dado que nadie vuelve para contarlo, la promesa se mantiene de generación en generación. Y, una de dos: o se satisfacen todos los sueños de todos los musulmanes y se crea un sistema de subsidios y subvenciones que haga de todos ellos, verdaderos “príncipes saudíes”, o bien se les es claro y terminante: el “paraíso de Alá” es una superchería. Una estafa a la esperanza. Algo que ni existe, ni puede existir.

4) ¿Qué es y que no es la yihad? Algunos tratadistas islámicos del siglo XIX han considerado que la “guerra santa” es una guerra contra el “enemigo interior” que cada ser humano tiene dentro de sí: todo lo que en la naturaleza humana es bajo, egoísta, apegado a la materia, eso es el “enemigo interior” y para ello el Corán habla de la “gran guerra santa”. La otra, la “pequeña guerra santa” es la que el fiel islamista mantiene contra el “enemigo exterior”, el “infiel” o el “idólatra”… Podemos discutir sobre este planteamiento filosófico-teológico, pero no podemos olvidar que los que hoy asesinan y mueren en los atentados del terrorismo yihadista, no son ni teólogos, ni filósofos, sino simples delincuentes que están hartos de pasar por cárceles y de no poder acceder a los escaparates de consumo, mediante su trabajo. Pensar que la “guerra santa” es asesinar gente que asiste a una discoteca, que pasea por la calle, que se encuentra esperando el avión en un aeropuerto o, simplemente, que viaja en un autobús en Palestina, es miserable, ignorante y zafio: a eso, aquí y ahora, se le llama “terrorismo” y tiene tanto que ver con la religión como un huevo con una castaña.

5) ¿Qué hacemos con el islam? El islam no es una religión europea. Es el producto de una sociedad primitiva y atrasada a la que el gran legislador que fue Mahoma, intentó dar forma mediante un nuevo mito religioso. El islam es hoy la única religión que admite y tolera la violencia como forma para expandirse fuera de su marco natural (Oriente Medo). Por tanto, las regulaciones religiosas de las legislaciones occidentales, no valen para el Islam en tanto que no es una religión como otras. Predicar la “guerra santa” como “pilar del islam”, sin especificar la diferencia entre “pequeña” y “gran guerra santa”, es instigar al asesinato y al terrorismo. Y Europa debe prevenirse ante supersticiones que pueden degenerar en criminalidad terrorista y “atajo” para lograr llegar a un paraíso sensualista. Todo lo que no sea enunciar ese “paraíso” como estafa a la esperanza pura y simple e impedir su difusión entre individuos de mentalidad primitiva y simple, supone dejar la posibilidad de que el fenómeno vaya extendiéndose cada vez a mayor velocidad. Se imponen, por tanto, restricciones a la predicación de “cierto islam” en Europa, que debe tener como complemento una declaración jurada, so pena de expulsión  cualquier país de confesión islámica, en la que los fieles islámicos residentes en Europa reconozcan explícitamente que la promesa de un “paraíso sensual” prometido a los que mueren en la guerra santa es una imagen literaria.



sábado, 13 de mayo de 2017

EL RAKNAROK HA COMENZADO


Donald Trump es multimillonario y presidente de los EEUU… lo que no quiere decir que sea “todopoderoso”. Sus primeros cien días en la Casa Blanca salieron a campaña mediática en contra diariamente. Los “todopoderosos” fueron, realmente, quienes articularon tales campañas que solamente bajaron de intensidad cuando Trump ordenó el bombardeo de las posiciones del Ejército Sirio: era el gesto exigido por el complejo petrolero–militar–industrial y por la oligarquía financiera para rebajar su nivel de oposición al gobierno legalmente elegido en los EEUU. Una especie de gesto de sumisión y respeto ¿Alguien pensaba que con Trump, al día siguiente, las cosas cambiarían radicalmente? Han cambiado, sí, pero sólo en la medida de lo posible, no hasta donde muchos hubiéramos deseado.

También hay varios fenómenos en el mundo “euroescéptico” a tener en cuenta:

– La decepción por los resultados de las elecciones presidenciales austríacas en las que el candidato del FPÖ no pudo vencer al ecologista.

– En Holanda, el Partido por las Libertades de Gert Wilders mejoró posiciones pero no lo suficiente como alcanzar la mayoría.

– Por su parte, en Francia, solamente el paso de Marine Le Pen y de Jean–Luc Melenchon (el equivalente a Podemos) a la segunda vuelta electoral, hubiera podido dar la victoria a la primera, y evitar la sucesiva dimisión de Marion Le Pen y las críticas internas de las que es objeto, en estos momentos, la línea oficial del partido (especialmente por su ataque al Euro).

Hace apenas cinco meses, algunos podían pensar que todo iba a ser más rápido: que la victoria de Trump (o, incluso, el Brexit) eran una victoria definitiva contra el stablishment y que Europa se vería salpicada por enclaves cada vez más en ruptura con el “viejo orden” de la globalización. No ha sido así. Es cierto que se ha registrado una “mejora general” en las posiciones de las fuerzas antiglobalización y euroescépticas. De hecho en todos los países europeos que hemos mencionado, son ya el “primer partido de la oposición”, esto es la “segunda fuerza”. Las victorias de los partidos del stablishment son –vale la pena no olvidarlo– “pírricas”: esto es, de muy corto alcance. Macron, apenas es una especie de última excrecencia del régimen francés con lenguaje híbrido entre la corrección política y el discurso neoliberal, tardará poco en fracasar. Veremos si el gobierno holandés, con las costuras de un Frankenstein, puede resistir mucho tiempo. Y no parece que en Austria las simpatías por la inmigración masiva y los “refugiados” hayan aumentando con la victoria de un “ecoloco soft”.

Los sistemas políticos modernos son complejos: no basta una simple “marcha sobre Roma” para derribarlos de un plumazo. Además, se apoyan unos a otros internacionalmente. Y lo que es aún peor: su “infraestructura” es común a todos ellos y está  formada por una malla compuesta por oligarquías económico–financieras que constituyen el basamento mismo del sistema y del poder mundial: no acuden a las elecciones, pero son el verdadero poder. Pensar que un simple proceso electoral puede hacer saltar de un plumazo a estas oligarquías es mostrar una absoluta ingenuidad, especialmente porque las elecciones tienen carácter “nacional” y esta infraestructura constituye los cimientos de un “sistema mundial”.

A partir de aquí hay tres posibilidades:

o bien el sistema mundial, construido sobre el absurdo neoliberal, terminará por desplomarse como un castillo de naipes (lo que parece más probable y a lo que seguirá un caos generalizado antes de que vuelva a estabilizarse un mínimo orden internacional);

o bien las fuerzas “europescépticas” y “antiglobalizadoras”, irán avanzando sus posiciones más y más, –como han hecho en los últimos 5 años– hasta que, por puro desgaste de las fuerzas que actúan en la “superestructura” del stablishment (los Macron y sus avatares) ya no estarán en condiciones de contener por más tiempo a los “populismos” (y en este caso, no bastará la victoria de estos en un país, sino que deberá ser en toda un área geográfica para alcanzar la masa crítica necesaria capaz de dar un vuelco a la situación);

– o bien, en última instancia, la aparición de una forma de terrorismo de nuevo cuño que, en lugar de golpear ciegamente, se oriente hacia los centros de poder haciéndolos saltar mediante cyberataques inmisericordes y/o liquidación física de la oligarquía (hipótesis posible que conocen bien los gemólogos: cuanto más dura es una estructura cristalina –un diamante– más fácilmente resulta hacerlo estallar simplemente dando un golpe preciso en un punto crítico).

La primera es la opción del Buda: “actuar sin actuar”, permanecer vigilantes ante el desplome del sistema (que inevitablemente sucederá), es la vía del “sacerdote”, del que medita y se prepara para cuando ocurra ese momento. Es la de quienes “cabalgan el tigre”: permanecen quietos y serenos hasta se ven pasar delante de casa el cadáver del enemigo y, entonces llega la hora de “los que han sabido permanecer en vela en la noche oscura”.

La segunda es la vía electoral emprendida por los partidos “euroescépticos”: es una vía a medio plazo de la que no puede excluirse que su victoria vaya, fatalmente, a confluir con la primera opción. Una victoria de este tipo puede precipitar el hundimiento del sistema mundial. Es la opción del “trabajador”, del que actúa con sus manos, con su esfuerzo y lo hace como un artesano medieval: hilando fino y realizando un trabajo preciso y constante. Es la opción de las “hormiguitas laboriosas”, del trabajo paciente sobre el terreno de la política convencional.

La tercera es la vía del guerrero y de la espada vengadora, propia de aquel que quiere precipitar el caos súbito para que genere, además de una catarsis liberadora, la destrucción de los fundamentos mismos de la “infraestructura” del sistema mundial. A fin de cuentas, si alguien pudo hablar de un “gramscismo de derechas”, ¿por qué no va a existir un “yihadismo euroescéptico”? Posibilidad remota hoy, pero que no hay que excluir mañana. Es la opción del toro que, en lugar de cargar contra el paño rojo que le ponen ante las narices, quiere “hacer sangre” e hincar sus cuernos en el núcleo duro del sistema, pero también es la actitud de quienes aceptan que les puedan clavar un estoconazo por todo lo alto.

No hay una cuarta opción, ni una cuarta salida. Porque pensar que el sistema mundial conseguirá funcionar indefinidamente mostrando unos niveles de eficacia incompatibles con las reglas del sistema económico mundial y con su tendencia desde hace 150 años a ir concentrando el capital en cada vez menos manos, es obstinarse en pensar a la manera “progresista”: ver la realidad a través de un espejo, olvidando que lo que estamos viendo es un reflejo de la realidad, y su inversión. Es decir, negarse a ver, por ejemplo, que, detrás de las victorias parciales de las fuerzas del stablishment, lo que existe es

1) un deterioro inexorable del sistema ante imposibilidad por parte de la globalización de estabilizarse y satisfacer a todas las partes,
2) un avance de las opciones “euroescépticas” que son ya la “segunda fuerza” en buena parte de Europa y
3) una progresiva brecha entre los intereses de la población y los de las oligarquías económicas que llevarán cada vez más a actitudes radicales tanto por una parte como por otra, constituyendo el detonante de la crisis desintegradora.

Simbólicamente, podríamos decir que “el Ragnarok ha comenzado”: la forma en la que percibíamos el mundo está muriendo. El “Lobo Fenrir” (la alta finanza, los centros de poder económico, los consorcios mediáticos, en definitiva, “la infraestructura” del stablishment) devora los mundos. Lo que tenemos ante la vista, no es la posibilidad de un simple cambio político, es mucho más. Los viejos dioses, todos ellos, están cayendo, todos, sin excepción. Pero estamos en un momento de transición en el que lo que está muriendo y agoniza, todavía mantiene, mal que bien, sus posiciones, y lo que está por nacer todavía no ha alcanzado el nivel suficiente de maduración. De ahí la ambigüedad de nuestro tiempo y el que los signos de desesperación se alternen con síntomas de que se aproxima el amanecer.

Personalmente, concedo más valor a las leyendas de los ancestros que a los mitos progresistas que constituyen la “superestructura” emotiva y sentimental de nuestro tiempo. Las leyendas arcaicas nunca se equivocan. 

jueves, 11 de mayo de 2017

Marion Le Pen abandona la política

Marion Le Pen ha anunciado que no se presentará a las próximas elecciones legislativas francesas ni tratará de revalidar su escaño en la Asamblea Nacional. 

Y es que para dedicarse a esto de la política hay que ser de una pasta especial: seguir rigurosamente las reglas del juego, entre ellas, simular, mentir, adaptarse al “pueblo”, evitar decir unas cosas e insistir en otras, y sobre todo tragar y tragar. Hay gente que no sirve para otra cosa. Las bancadas parlamentarias están llenas de ambiciosos sin escrúpulos dispuestos a cualquier cosa por un sueldo fácil y la perspectiva de poder realizar las ambiciones personales. 

Pero hay gente “normal” cuyos ideales son simples: tener un lugar bajo el sol, vivir en una patria digna, formar una familia, educar a sus hijos, aprovechar la vida. Es ahí en donde está el verdadero heroísmo. Esta última es la vía que ha elegido Marion Maréchal Le Pen que anteayer anunció su retirada de la política a los 27 años (“si no lo hago ahora, no lo haré nunca”) en una carta dirigida a sus electores (es diputada por la Vaucluse-Costa Azul), publicada en el diario Vaucluse Matin. Marion Le Pen seguirá afiliada al Front National, pero como simple militante. 

¿Qué hay detrás de esta dimisión? Hastío por la política y por los políticos, por los medios de comunicación y por las posibilidades de reforma de los sistemas políticos europeos. ¿Es censurable la actitud de Marion Le Pen en estos momentos? No, pero demuestra una cosa: que para ejercer una actividad política, hoy, hacen falta unas condiciones “nietzscheanas”, heroicas. No basta con ser honesto, no basta con defender un programa político justo, no basta con ser un patriota: hace falta ser “grande” en el sentido que dio Nietzsche a esta palabra quien concibió la política como creación, voluntad y destino. 

Para dedicarse a esto de la política, no basta con tener una mentalidad heroica, hay que ser también post-humanista. Eso, o te quedas en lo que se suele llamar “populismo”.

lunes, 3 de abril de 2017

Diario de un pobre Diablo (46)

REPASO AL “POPULISMO” DE NUESTROS DÍAS

El “populismo” se ha convertido en la bestia negra de los tertulianos y de cualquier forma de corrección política. Y se entiende. Porque lo más preocupante de eso que se ha dado en llamar “populismo” es su imposible ubicación en el esquema derecha-izquierda que es la base de todos los parlamentarismos. Y esto trae malos recuerdos. Nos explicamos.

En los años 30, el parlamentarismo era un fenómeno indefendible. Nadie, absolutamente nadie, tenía excesivo interés en defender un sistema que estaba en franca retirada ante los fascismos de un lado y ante el bolchevismo de otro. Quien decía “parlamentarismo” decía división, partidocracia, intereses de los partidos por delante del interés nacional, falta de liderazgo, discusiones estériles, intereses espúreos, corrupción… Por eso la República de Weimar cayó sin que nadie –ni siquiera la izquierda socialista- hiciera nada por intentar salvarla. Por eso la III República francesa estuvo a punto de caer tras las jornadas insurreccionales de febrero de 1934. Y por eso, eran pocos representantes italianos en el exilio los que se oponían a Mussolini y en muchas ocasiones desde posiciones igualmente antiparlamentarias. La República Española, en esos mismos años, era frecuentemente utilizada para mostrar los límites del parlamentarismo y hasta qué punto podían conducir al caos. Incluso en el Reino Unido, cuna del primer parlamento (por mucho que Puigdemont se empeñe en que fue una institución catalana) Mosley desde un lado y los comunistas desde otro, torpedeaban una y otra vez al sistema parlamentario.

Pero el parlamentarismo sobrevivió, no por la fuerza de la razón, sino de las armas. En 1945 se impuso en todo el mundo como forma “correcta” de ordenar la cosa pública. Nunca, desde entonces, absolutamente nadie se preocupó de rebatir a la crítica contra el parlamentarismo que, hoy sigue vigente y sin refutación a pesar de que los fascismos hayan desaparecido. Su derrota militar ha entrañado un largo ciclo de 70 años de rehabilitación del parlamentarismo.

En las crisis es cuando los sistemas políticos demuestran su fortaleza y solidez. La gran crisis económica iniciada en 2007 y que evidencia la imposibilidad de estabilizar un mundo globalizado, dura todavía hoy. Es en ese contexto en el que han aparecido las formaciones “populistas”. No es que antes no existieran: desde los años 70 eran “opciones refugio” para descontentos que habitualmente se inspiraban en doctrinas de la derecha o incluso del neofascismo. Eso se ha terminado. La crisis de 2007 generó en toda Europa nuevos modelos de organización provistos de nuevos objetivos. Ninguna se presentaba como antidemocrática, pero sí como antiparlamentarista. Todas, estas formaciones, en mayor o menor medida insisten de la necesidad de constituciones presidencialistas y en restar poder y peso a los partidos políticos en beneficio de la sociedad civil. Hoy, el concepto “corporativismo” ha desaparecido del lenguaje político, pero lo que amagan algunas de estas opciones y el lugar al  que inevitablemente irán a parar, es una reedición del corporativismo bajo formas inéditas.

Si estas opciones “populistas” emergen y lo hacen con el apoyo de amplios sectores sociales, es porque en toda Europa se ha extendido el hastío e incluso la repugnancia hacia las formulaciones políticas tradicionales de derechas e izquierdas. En efecto, las soluciones “populistas” no pueden ser definidas en términos de derechas e izquierdas. Hay un gran trecho entre el Front National de Jean Marie Le Pen que quería presentarse como “la droite National” y el encabezado por su hija que se sitúa “au delá de la droite et de la gauche”. Su presidenta ha sintetizado este punto de vista en una consigna: “La derecha ha traicionado a la Nación – La izquierda ha traicionado a los trabajadores”. Su característica, la del “populismo” es el no ser dogmático, sino eminentemente pragmático. Cada declaración de los considerados como “líderes populistas”, abunda en esta dirección.

Obviamente, no estos “populismos” no son ni “fascismos” ni “neofascismos”. Están más próximos, eso sí, a las doctrinas identitarias, porque si lo que aspiran es a recuperar el sentido de la nación, deben de atribuirle a esta una rostro propio y defenderlo frente a las amenazas. Pero si es cierto que, los fascismos surgieron de sectores críticos con el parlamentarismo y que los nuevos “populismos”, tienen su fuerza en la superación de la dicotomía dogmática derecha-izquierda. Hoy por hoy, no critican al parlamentarismo sino a lo limitado de las soluciones de derechas e izquierdas y a los equívocos que conllevan.
En España no existe “populismo” en la medida en que, al haber llegado más tarde a la democracia y al carecer por completo de capacidad crítica y refugiándose en la apatía, el pueblo español está fuera de cualquier debate político. Se suele decir que Podemos es “populista”: ¿Lo es? No, verdaderamente: Podemos es, simplemente, un producto de la izquierda en crisis, o dicho de otra manera: el modelo de izquierda que llegó tras el hundimiento de la URSS (y de los Partidos Comunistas) y tras el hundimiento de la socialdemocracia zapaterista al no ser capaz de afrontar la crisis y, ante ella, ponerse del lado de la banca.

¿Por qué no existe “populismo” en España? Para que existe se deben dar una serie de circunstancias: la primera de todas ellas es que exista debate político en la sociedad. No hay que confundir el hastío de las sociedades europeas hacia las estériles polémicas derecha-izquierda, con la apatía del pueblo español ante el hecho político. Sin olvidar la mala calidad de la democracia española y lo que es todavía peor, la destrucción de cualquier sombra de capacidad crítica operada por los medios y por el sistema educativo. Por eso, a pesar de que la situación española es, posiblemente, más dramática que la dada en Alemania o Francia, aquí no hay posibilidades ni a corto ni a medio plazo de un movimiento de este tipo.

Y es que en España, la verdadera tragedia es que nadie, absolutamente ningún medio, ningún canal, ningún tertuliano, ningún partido, se atreve a decir en voz alta que la división derecha-izquierda ya no responde ni a las necesidades ni a los planteamientos de eficacia mínima que requiere nuestro momento histórico. Podemos se califica como “de izquierdas”, Ciudadanos, después de un período de ambigüedad situándose en el “centro-izquierda”, se ha reformulado como “partido de centro democrático”. Y en cuanto al PP, está donde Cánovas hará más de 125 años, dijo que debía estar la derecha… Así pues, no pidamos peras al olmo: el sistema político español, da de sí lo que da de sí y no hay más cera que la que arde. Es decir, poco o nada.




miércoles, 29 de marzo de 2017

Diario de un pobre Diablo (45)

 

MARINA LE PEN EN MOSCU

El pasado 23 de marzo, Marina Le Pen aterrizó en Moscú, respondiendo a la invitación personal del diputado de la Duma Leonid Slutski, coordinador del grupo para las relaciones con el Parlamento de Francia y para participar en una reunión el comité parlamentario de Asuntos Internacionales. Estaba previsto que el presiente del parlamento ruso, la Duma, Viacheslav Volodin, se entrevistara con Marina Le Pen. Pero los contactos de la presidenta del Front National fueron mucho más lejos generando irritación entre la clase política francesa que ha interpretado tales relaciones como una “intolerable injerencia en las elecciones francesas”.

En realidad, esta visita es la equivalente a las que realizan los candidatos a cualquier país: todos los candidatos de relieve que se presentan a estas elecciones –todos, menos Marine Le Pen- se han entrevistado con la canciller alemana, Angela Merkel y todos han visitado el Parlamento Europeo. Pero si la visita a Moscú ha puesto, literalmente, al borde del ataque de nervios a la clase política francesa es por tres motivos.

En primer lugar porque, la candidata, en tanto que diputada del parlamento europeo fue recibida con todos los honores. En segundo lugar, porque, a pesar de que el Kremlim ha mantenido un respetuoso silencio en relación a las elecciones francesas, Marine Le Pen ha sido recibida por el mismísimo Vladimir Putin y los medios de comunicación rusos, en especial Rusia Today, han comentado favorablemente dicha visita, lo que implica que la candidatura frentista no es considerada ni como extremista, ni como un peligro para la paz mundial, ni siquiera como hostil a las buenas relaciones entre Europa y Rusia. Por último lugar, a nadie se le escapan las consecuencias políticas de dicha entrevista.

A diferencia del resto de candidatos presentes en las elecciones francesas, la candidatura de Marine Le Pen supone una desactivación de las tensiones Este-Oeste. Rusia no está interesada más que en mantener buenas relaciones con Europa: no enzarzarse en una competencia militar o económica. Y la única candidatura que la garantiza es la del Front National. Los tiempos en los que el padre de Marina Le Pen clamaba contra el bolchevismo y a estar atentos ante los tanques soviéticos estacionados al otro lado  de la línea Oder-Neise, han pasado. Si bien, aún es pronto para intuir como va a evolucionar la política exterior norteamericana en los próximos meses, parece claro que la candidatura de Marine Le Pen, al igual que la victoria de Donald Trump, van en contra del mantenimiento de ese tiranosaurios rex que es la OTAN, verdadera inyección de oxígeno para un enfrentamiento Este-Oeste ¡sobre territorio europeo! Una eventual victoria de la candidata del Front National entrañaría la redimensión inmediata de la OTAN y su final, al menos en los términos que hemos conocido.

Lo mismo ocurriría con la UE. Si bien, Marine Le Pen, es decididamente anti-UE, no es “anti-europea”, no se niega a la colaboración entre las distintas naciones europeas, sino a la pérdida absurda de soberanía nacional en beneficio de una estructura supranacional no democrática y que es, simplemente, el mecanismo de la globalización en el viejo continente. En lugar de una apertura cada vez mayor de la UE hacia el Magreb, en detrimento de economías como la española, la UE reformada debería de tener hacia mayores niveles de cooperación con Rusia y, por supuesto, a un eje político que supusiera un muro de contención frente al islamismo.


Pero hay algo más que se ha encargado de recordar Éric Zemmour en Rusia Today: “El combate ideológico de nuestro siglo es entre la democracia liberal y la democracia iliberal tan querida por el húngaro Viktor Orban. En la primera, el individuo es el rey. En las segundas, el pueblo es el rey”. 


lunes, 27 de marzo de 2017

Diario de un pobre Diablo (44)

POR QUE LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA ES (Y SEGUIRÁ SIENDO) DE MALA CALIDAD

Empecemos vulnerando la corrección política diciendo que la eugenesia debería de ser una de las razones de la existencia del Estado. Llevar una política eugenésica consiste en velar para que la salud y la calidad de vida de la población no se deteriore, sino todo lo contrario: que mejore hasta el límite de las posibilidades de lo humano. En lugar de esto, la eugenesia es considerada como algo satánico y, en cualquier caso, rechazable. Se olvida, con frecuencia que la inmensa mayoría de cánceres que afectan extrañamente a edades intermedias se deben a que nadie, absolutamente nadie, se preocupa sobre la calidad de la alimentación. Es mucho más fácil condenar la eugenesia que investigar si lo que se etiqueta y se vende como producto alimenticio no es más que un veneno que, por aquello de las casualidades, puede ser tu peor boleto para la rifa de cualquier tumor maligno. Hoy sabemos que de cada 4 personas vivas, 3 morirán de cáncer e intuimos que la alimentación, sobre todo, influye en esta siniestra estadística, junto a emisiones de ondas y a polución atmosférica. Y nadie, hace nada… precisamente porque la “salud de la raza” (es decir, la salud de los individuos que la componen) es algo que, lejos de interesar a los gobiernos, estos, simplemente, la condenan.

¿A qué viene todo esto? No es, desde luego, un grito iracundo sobre algo que sabemos que no tiene remedio en las actuales circunstancias. Viene a cuento de que nunca como ahora existen posibilidades para una vida humana feliz y venturosa, y nunca como ahora, esta ha estado tan lejos de nuestro alcance. En política, por ejemplo, está claro que llevamos ya 40 años de libertades políticas y democracia más o menos formal. A lo que habría que sumar los 40 años del franquismo, si se reconociera que fueron años de recuperación del atraso económico, en los que todo –incluidas las libertades públicas- se sacrificaron en aras de alcanzar este fin. Así pues, desde 1939, llevamos casi 80 años de paz: algo inimaginable en nuestra historia. Ahora bien, hay que elegir entre si nos conformamos con esto o comparamos dónde podríamos estar con dónde estamos efectivamente. De esta desproporción deriva una desazón fundamental.

Tenemos democracia, como tenemos comida, pero de la misma forma que ésta genera todo tipo de enfermedades y tumores nunca vistos hasta ahora, nuestra democracia es de baja calidad. Y, en ambos casos, no existen medios para rectificar esta realidad, ni voluntad política en las cúpulas de los partidos, ni siquiera en la voluntad del electorado.

La sociedad española, desde el momento en que terminó la Reconquista, como si el esfuerzo realizado hubiera sido superior al que estaba en condiciones de acometer y la llegada de los Austrias le exigiera un esfuerzo imperial que la población ni siquiera podía imaginar y mucho menos asumir, se refugió en la apatía y el desinterés por la cosa pública que fue avanzando y calando más hondo, a medida que avanzaba nuestra historia. Hoy, esa apatía es total y se agrava con 30 años de hundimiento del sistema educativo y de pérdida de capacidad crítica: incluso quienes son extremadamente críticos con el poder (Podemos, sin ir más lejos), lo son desde posiciones absolutamente ignorantes, ingenuas en unos casos, superficiales en otros y zafias en gran medida. Los mecanismos culturales han dejado de preparar ciudadanos para asumir responsabilidad. La cultura se ha convertido en ocio y el ocio en una simple cobertura al nihilismo. Pero eso no es lo peor.

Cuando un pueblo tiene, en sí mismo valores, conciencia de su existencia y de su identidad, puede superar cualquier crisis periódica que afronte porque, al final, siempre anidará en el interior de determinadas élites, un estilo de vida y unos valores, a partir de los cuales será posible movilizar las sanas reacciones populares. Pero el problema es que el pueblo Español y el nacionalismo español se han reconocido, no en valores propios, sino en los valores de la Iglesia Católica y ésta, reconozcámoslo, es hoy una entidad en fase de liquidación.

En otro tiempo era posible sostener que el catolicismo había hecho a España. Hoy ya no: en los años 60 tuvo lugar el Concilio Vaticano II; luego vino el “desencanto”, el tránsito de amplios sectores de la Iglesia del “catolicismo espiritual” al “cristianismo social”, más tarde se sucedieron los escándalos en el interior de la institución vaticana y, finalmente, un buen día, como si todo hubiera cambiado, la tensión de la fe descendió, los dogmas se convirtieron en cada vez patrimonio de menos gente, perdieron vigor y, finalmente, hoy apenas son compartidos por minorías testimoniales. ¿Qué ha ocurrido? Simplemente, que todo lo humano –y la Iglesia es algo humano, casi “demasiado humano”– está sometido a ciclos de nacimiento, crecimiento, madurez, vejez y muerte, y el ciclo de la Iglesia –no hay nada más que asomarse y comprobarlo– ha terminado. Ya es imposible seguir defendiendo una “España católica”, por la sencilla razón de que España ya no es católica: lo es una minoría por mucho que la apatía evita que buena parte de la población se dé oficialmente de baja como católico. Hace falta acercarse a una iglesia el domingo por la mañana para comprobarlo.

Desaparecida la vinculación de los españoles al catolicismo que fue uno de los cimientos de nuestra nacionalidad, desaparecen también imperativos morales: a diferencia de otros países europeos en donde han estado presentes elementos laicos de adhesión al Estado y a la Nación, en España, el nacionalismo se ha justificado hasta hace poco sólo con elementos religiosos. Y hoy con el recurso a algo que apenas ha penetrado en el subconsciente de los españoles: la constitución. España es “una” sólo porque lo dice la constitución. La autoridad de Dios difícilmente puede ser discutida, pero cuando desaparece, “todo está permitido”. Y, en cuanto a la constitución, no puede decirse que, ni en su origen (el consenso), ni en su desarrollo (que ha conducido por el caos autonómico, entre otras lacras), ni en sus posibilidades de reforma (inéditas), sea ninguna ganga. Es, digámoslo ya, la matriz de una democracia de baja calidad. Y, añadamos, que es irreformable.

Nada que beneficia a una clase política va a ser reformado por esa clase política, sino es para contentar a esa misma clase política. Nadie renuncia a sus intereses ni privilegios voluntariamente. Por eso, nuestra norma fundamental permanece inamovible desde hace 40 años. La Constitución llegó de la mano de la “banda de los cuatro” (PSOE, UCD, CDC y PCE). El PCE ha desaparecido y sus restos se han convertido en minúsculos satélites de Podemos, CDC ya no existe e incluso su avatar –el PDcat– está sometido a tensiones internas que permiten pensar que será residual en las próximas legislaturas, UCD se difuminó y ese espacio ha quedado ocupado por el PP; y, en cuanto al PSOE, simplemente, está en vías de implosionar. Todo esto debería inducir al optimismo: los inmovilistas de los últimos 40 años, debilitados por sus errores, por su mala gestión y por sus corruptelas, están en recesión. Pero, en realidad, no es así.

En primer lugar, el PP resiste e incluso, si hoy se convocaran elecciones generales es más que probable, que mejoraría sus posiciones. Podemos, por su parte, lleva camino de sustituir al PSOE, pero, no solamente evidencia una mala calidad en su dirección (en algunos casos hasta extremos difícilmente digeribles), sino que además es un agregado explosivo de fracciones inestables. Ciudadanos, empeñado en ocupar el espacio centrista, vuelve a ser lo que siempre ha sido el centrismo: el receptáculo de todos los oportunismos. No hay, ni se le espera –vale la pena reconocerlo para evitar decepciones futras– ningún partido euroescéptico al estilo de los que se han configurado en Europa como segunda o tercera fuerza. Y, en lo que se refiere a “fuerzas vivas”, están completamente ausentes de la escena. La fiebre de los “indignados” en 2009-2010 es algo que hoy queda lejos y que fue, a poco de nacer, ganado por la extrema-izquierda. La duda es durante cuánto tiempo el PP permanecerá íntegro y unido interiormente.

Ninguna de estas fuerzas políticas está en condiciones ni interesado en alterar la constitución, ni es capaz de aportar valores al conjunto nacional, ni siquiera de hacer otra cosa que lo que han hecho los partidos mayoritarios en los últimos 40 años: alimentar a sus élites corruptas. La telebasura, la falta de capacidad crítica y el aroma a porro hacen el resto, unido a la apatía consuetudinaria de nuestro pueblo. Lo peor que podría hacerse es ignorar estos hechos esenciales que llevan a una terrible conclusión: España carece de futuro y está encarrilada en una vía muerta porque no dispone de élites de reemplazo, de un sistema cultural capaz de producirlas y de una élite intelectual en condiciones de elaborar un proyecto nacional para la España del siglo XXI.

Mi decepción por la política y por el futuro de mi nación, cada día encuentran más y más argumentos para confirmarse. Me gustaría, simplemente, que alguien me diera el más simple argumento para el optimismo. Hoy me considero apolítico, si por ello se entiende permanecer distanciado de la política, pero no desinteresado por ella. El problema es que la política española es tan absolutamente aburrida y miserable que, cada día resulta más difícil, seguir preocupándose por los vaivenes del día a día, incluso desde posiciones de alejamiento y distancia. ¿A quién le puede interesar hay la política? Sólo al que vive de ella (como político o como periodista). Si hay un milagro en esta democracia de mala calidad es que la gente siga acudiendo a las votaciones. ¿Ni siquiera hace falta un dios para que haya milagros en estos tiempos crepusculares.




martes, 21 de marzo de 2017

Diario de un pobre Diablo (43)

ATAQUE ISLAMISTA EN ORLY: ALGUNAS REFLEXIONES

Lo más significativo del último ataque yihadista que ha tenido lugar en París ha sido, una vez más, el tratamiento que han dado al tema los medios de comunicación franceses: estos han insistido, por activa y por pasiva, en una sola idea: “El asesino es un francés, nacido en París”… Otros medios han insistido en la misma dirección: “Français de souche” (francés de pura cepa). No hay nada más que ver su foto para comprobar la veracidad de la información. Es más, cuando conocemos su nombre, esta primera impresión –la de que se trata de un “francés, nacido en París”– se refuerza todavía más: Ziyed Ben Belgacem… Sobre su religión, obviamente se evitar decir que es islamista. Como se sabe, los islamistas no son una amenaza.

Este “francés de pura cepa”, con sus 39 años a cuestas, ayer, inició su yihad particular: salió de su casa, situada en la banlieu parisina. Llevaba un bulto que podría ser un arma, así que al llegar a Stains, dos policías le piden la documentación. Dispara sobre ellos, para confirmar su identidad de “francés nacido en París”. Y, de paso, adorna, los disparos con el consabido “Alá es grande”. Como la cosa más normal del mundo se mete en un bar de Vitry-sur-Seine. Los clientes no le gustan, seguramente porque no se sienten tan franceses como él. Así que los amenaza y dispara sobre ellos. Solo los milagros de la balística hacen que ninguno resulte herido. Luego roba un coche y se planta en el aeropuerto de Orly.

A eso de las 8:30 de la mañana en el primer piso del hall de Orly Sur, el “francés de pura cepa” lanza el suelo una mochila en la que lleva gasolina, luego dispara contra una patrulla de tres soldados (dos hombres y una mujer). La mujer logra arrancarle el fusil de asalto, pero Ziyed Ben Belgacem la arrastra amenazándola con un revólver (a ella y a los otros dos militares): “Tirad las armas. Manos a la cabeza. Estoy aquí para morir por Alá” y luego añade: “Detodas formas, seguro que hay muertos”. Demostrando su valor se escuda en la mujer militar, pero enfrente tiene a soldados bien entrenados que finalmente lo abaten. En su poder se encontró 750 euros, una lata de gasolina, cigarrillos, un mechero y, por último, un ejemplar del Corán.

Por una vez el “loco solitario” ha sido la única víctima mortal. Habrá comprobado que el anuncio de que Alá recompensa a los fieles que mueren en la guerra santa con siete palacios de jade y siete harenes en cada uno de ellos y que los yihadistas muertos viven eternamente conservando la edad de 33 años y un estado de erección permanente, era sólo publicidad de un inexistente paraíso.

Los que ayer volaron a París  fueron las víctimas colaterales del enésimo yihadista que decide acometer su guerra particular. Durante todo el día, los aviones en vuelo fueron desviados a otros aeropuertos y no se permitió despegar ni siquiera a los aviones que estaban en pista cargados con pasajeros. No se sabía si éste “francés nacido en París” podía tener más cómplices. De no estar presentes los tres militares, ahora estaríamos llorando una nueva masacre, tan estúpida como las anteriores y protagonizada por otro tarado con el cerebro recalentado por supersticiones mal asimiladas.

¿Lo mejor de todo? Ziyed Ben Belgacem no era un desconocido. Se trataba de un delincuente habitual con nueve tránsitos por la cárcel y 44 detenciones. Dicen que en 2011, tras salir de la cárcel se había radicalizado. En aquella ocasión fue por atraco y tráfico de drogas. Habá protagonizado muchos robos a mano armada. No, esto no es lo mejor: esto es lo esperable de un “francés de pura cepa” que atienda al nombre de Ziyed Ben Belgacem y lleve un Corán en la mochila. Lo mejor son las declaraciones del primer ministro francés Bernard Cazeneuve que por la tarde señalaba al enemigo metafísico: “el ultrancismo de Marine Le Pen”.

Hasta aquí los datos que hemos podido reunir a vuelapluma. No son sensiblemente muy diferentes a los de otros episodios similares. La buena noticia es que un chorizo pasado al lado el terrorismo ha ido a saludar a la nada. Pero es necesario extraer una serie de conclusiones, algunas de ellas son duras:

1) ELEMENTOS DE ODIO SOCIAL.- Ziyed Ben Belgacem, ha nacido en Francia y tiene nacionalidad francesa, pero ¿Es francés? Obviamente no. Ni lo es ni lo ha pretendido ser jamás. Es un hijo de inmigrantes que tuvo en vida todo el derecho de no sentirse miembro de la comunidad cuyo DNI llevaba en el bolsillo.  Él era el primera que no se sentía miembro de la comunidad nacional en la que vivía. Es más, no solamente, no se sentía francés, sino que odiaba a Francia y a los franceses. Lo ha demostrado con creces. Como muchos magrebíes consideraba que “el francés” es un tipo que, sobre todo, vive bien y consume mucho. Ziyed Ben Belgacem era un “nuevo proletario” y odiaba a todo aquel que vivía como un burgués. Hay en su locura y en la de todo yihadista odio social. Muchos inmigrantes, hijos y nietos de inmigrantes no soportan el papel subordinado y fronterizo con la pobreza que les ha atribuido el capitalismo moderno y los Estados Europeos: les han convencido de que se instalaran en Europa para hacer “competitiva” la economía europea, esto es para que su número hiciera disminuir el valor de la fuerza de trabajo. Se beneficiaban algunas patronales y pagaba el Estado (es decir, la sociedad francesa). Pero ellos querían tener acceso a los escaparates de consumo y con la caridad del Estado no podían hacerlo salvo por la vía del atraco.

2) NECESIDAD DE SEÑALAR LAS REALIDADES.- Hace falta ser un indigente intelectual para no darse cuenta de la realidad: la combinación de fanatismo religioso, pequeña delincuencia, nula cultura, crisis económica e islamismo, dan como resultado personajes como Ziyed Ben Belgacem: un chorizo que está harto de pasar por cárceles y que algún electroimán de pega le ha convencido de la existencia de un paraíso cuyo boleto te lo regalan muriendo en la yihad. Y va el idiota y, en su deseo de gozar cuanto antes de los beneficios prometidos, se “inmola” con un Corán bajo el brazo. Hijo de inmigrantes, islamista de origen étnico magrebí, impermeable a cualquier tipo de educación europea, islamista ansioso de alcanzar el paraíso sensual prometido…  Estas son las realidades.

3) SITUACIONES FÁCILMENTE REVERSIBLES.- Hace veinte años, algunos amigos empezaban a comentar que el tema de la inmigración ya no se puede resolver porque los inmigrantes ya tienen pasaporte y nacionalidad francesa. Lo tienen pero lo pueden perder. De hecho, la concesión de la nacionalidad debería ser algo condicional: “yo te doy la nacionalidad, pero si muestras que no eres un buen ciudadano, me reservo el derecho de quitártela”. Tal hubiera sido la norma: pero la izquierda quería “nuevos franceses proletarios” para sustituir a los “proletarios franceses” que se desenganchaban de sus opciones electorales. La mayor tropelía que ha cometido la derecha europea ha sido abrir las puertas a la inmigración masiva, pero la mayor estupidez de la izquierda ha sido ver en esos “nuevos europeos” a carne de cañón para sus candidaturas. El problema, en realidad, nunca han sido los inmigrantes: estos jamás hubieran venido a Europa si la derecha no los hubiera traído, primero y subvencionado después y si el esquematismo de la izquierda no hubiera visto en ellos a “nuevos proletarios”. Pero el entuerto es más fácil de resolver: basta con una serie de medidas disuasivas. No permitir la permanencia en el país de inmigrantes que hayan cometido delitos, eliminar las medidas de “discriminación positiva”…

4) EL PROBLEMA ES EL ISLAM.- Recordemos algo que los medios hacen esfuerzos por enmascarar: hoy la única religión en nombre de la cual se mata y se muere es el Islam. Así pues, el islamismo, moderado, radical o ambidextro, es un problema y como tal hay que tratarlo… a menos que se quiera que el problema se generalice. El error consiste en considerar que la religión islámica es, como cualquier otra religión, una especie de evasión espiritualista y mística que enseña buena conducta, códigos éticos y da esperanzas para la muerte. La teoría de la guerra santa coránica es un incentivos para morir matando y lo antes posible. Sabiendo que al otro lado de la puerta esperan 77 huríes dispuestas a satisfacerlo a usted eternamente ¿esperaría a mañana o cruzaría la puerta hoy mismo? Fracasados, incompetentes, individuos sin formación profesional, que en su momento despreciaron la escuela y la educación, que han ido sobreviviendo a base de subsidios y, cuando no, de atracos, ¿pueden aspirar a algo mejor que morir en la yihad lo antes posible y vivir de lujo sin sudar la camiseta? Esa es la cuestión.

5) HAY REMEDIO, PERO NO CON LOS QUE HAN CREADO EL PROBLEMA.- Los avances de los partidos euroescépticos e identitarios que en grandísima medida encarnan el rechazo de las poblaciones autóctonas europeas a la nueva situación generada por la inmigración masiva de un lado y la deslocalización de otro, se basan precisamente en que proponen soluciones extremadamente simples a problemas complejos. ¿Las empresas se van para obtener beneficios? Bien, pues cuando quieran vender sus productos aquí, que paguen una sobretasa… que corresponde a los problema de paro que generan. ¿Hay riesgo yihadista? Bien, con limitar la difusión del islam, prohibir las ediciones del Corán con determinados versículos y dejar de incentivar a las comunidades islámicas, es suficiente. ¿Hay mucha población extranjera en las cárceles? Tampoco hay problema: los que han venido a Europa a robar, Europa tiene el derecho de expulsarlos. Y así sucesivamente. Pero de la forma en que las cosas no se solucionan es manteniendo en el poder mediante el voto a una clase política ciega, de derechas o de izquierdas, pero ciega en su conjunto. Los que han generado el problema y quienes lo han agravado, no tienen al alcance de su mano la solución, salvo  traicionándose a sí mismo y traicionando a sus intereses. Ved a la izquierda europea: la única esperanza de volver a gobernar consiste en ganar el voto de los grupos étnico-religiosos no europeos.


Hay muertes inútiles, la de Ziyed Ben Belgacem no habrá sido tan absurda como fue su vida, si ha servido para que algunos de nosotros realicemos estas reflexiones. 

lunes, 20 de marzo de 2017

Diario de un pobre Diablo (42)


ETA ENTREGA LAS ARMAS… ¿NOTICIA O BROMA DE MAL GUSTO?

La semana pasada ETA anunció la entrega de armas. Importa muy poco porque esas armas ya deben estar herrumbrosas o ser simplemente inservibles. Claro está que matar se puede hacer con una estaca. Pero hace mucho tiempo, más de veinte años, que ETA iba a la desbandada. Demasiados topos, topetes y topazos en su interior (y uno en su dirección) que hacían todo lo posible por sobrevivir y por asegurarse una vejez tranquila sin tener que ver a los nietos en los vis a vis en el Puerto de Santa María. Seguían matando porque eso era lo que venían haciendo desde su nacimiento.

En cada tramo en la historia de ETA, las razones que encontraban para justificar el recurso al gatillo eran diferentes, pero el resultado fue siempre el mismo. Incluso los gudaris que se rindieron a las tropas italianas en Santoña en 1937 se hubieran avergonzado del valor y de los argumentos de una organización que, a medida que fue creciendo, iba reclutando cada vez más en los estratos intelectualmente más indigentes del País Vasco.

De no haberles salvado por la campana, aquel gran mameluco de la política española que fue José Luis Rodríguez Zapatero, el asunto ETA se hubiera resuelto hacia 2004 ó máximo 2005, con todos los etarras en mazmorra fría a ambos lados de la muga. ETA, estaba  vencida, vale la pena no olvidarlo, cuando el melifluo ZP le lanzó el capote de la tregua. Lo que siguió luego fue el juego de la confusión que ha durado hasta ahora y con la complicidad del PP, (también hay que recordarlo): ETA nunca hubiera negociado en 2009-2010 con un ZP que estaba virtualmente desahuciado y cuando era evidente que convocaría elecciones anticipadas.

El pacto para poner en libertad a los matarifes que seguían presos (¡y que se ha puesto en marcha en tiempos de Mariano Rajoy!) se realizó necesariamente con el visto bueno del PP. Puede entenderse el silencio de este partido ante la política de puertas abiertas en las prisiones. ¿Qué quedan etarras en cárcel? En torno a 300, de los que muchos están ya en segundo grado. En cuatro o cinco años, ya no quedará ninguno.  A quienes les queda mucho por delante es a los familiares de las víctimas y a quienes quedaron mermados en sus facultades tras ser objeto de atentados.

ETA solo venció en un terreno: en el de hacer que la izquierda se tomara sus crímenes como “políticos”. No lo eran. Eran simples asesinatos. Sin más. Y, mal argumentados. El Estado también tenía sus culpas: las torturas a presos, el GAL… sí, en efecto, el GAL existió pero, digámoslo ya, fue una excusa del área de interior del felipismo para saquear el almacén de los fondos reservados, no para acabar con ETA. Y en cuanto a las torturas, existieron, claro está: elija usted, o que una banda que asesina siga haciéndolo, o impedir que lo hagan. Las torturas no se realizaron contra gente que pasaba por ahí, sino sobre gente que mataba y estaba dispuesta a matar. Sí, ya sé que es políticamente incorrecto decir esto: pero es lo que piensa la mayor parte de gente para la que los derechos de las víctimas están por delante que la de los asesinos.

Y luego estaba el gran justificante de Herri Batasuna para los crímenes cometidos: para entenderlos, se nos dijo durante treinta años, había que “contextualizarlos”. Claro, si le estallaba una bomba a una niña, eso era porque existía una “lucha de liberación”, si se mataba a los hijos de unos Guardia Civiles o a los recién salidos de la Academia de Valdemorillo, era porque el “Estado” se negaba a la “autodeterminación”. Todo estaba contextualizado y cualquier agravio real o supuesto bastaba para apretar el gatillo contra no importa quién.

La historia de ETA figura entre lo más bochornoso de la España de la segunda mitad del siglo XX y de lo que llevamos de milenio. Ellos creen que ETA es una parte de la “historia de Euzkadi”, una expresión del nacionalismo abertzale, pero se equivocan: ETA forma parte de la historia de cierta España, de la España negra y profunda, aquella de crímenes incomprensibles y siniestros, de asesinatos zafios y las venganzas pueblerinas. Nada más. Así que no demos épica a quienes no parece más que cuatro paredes para un castigo.

A una historia triste y lamentable lo único que cabía era un final sainetesco y grosero: “tu escenificas la entrega de armas, te pones una máscara, una txapela y un mono blanco, entregas solemnemente cuatro hierros oxidados, los pones de manera que parezca un arsenal militar y, yo a cabio voy sacando a tus presos de la cárcel, me olvido de investigar crímenes impunes y, sobre todo, eso sí, no insisto en que tus asesinos paguen indemnizaciones civiles, ni me preocupo del “tesoro de ETA”, es decir, a dónde ha ido a parar el dinero acopiado en décadas de raket, secuestros, atracos y negocios”. ¿Entienden ustedes el porqué la historia de ETA en los últimos años ha sido una lucha por el control de ese “tesoro” y por qué miembros de la dirección han vendido  periódicamente a sus propias bases para garantizar su inmunidad, o por qué se han peleado distintas fracciones? Al final era cuestión de supervivencia, asegurarse la vejez y de control sobre la llave de la caja. Y el Estado ha transigido.

Seamos claros: ETA no entregará más de 300 hierros viejos (la mayoría robados en Vaubert en 2006) y unos cuantos barriles de explosivos caducados. No tiene nada más. Los 800-900 muertos ocasionados por la banda, se redimen –tal es el pacto- por menos de una tonelada de hierro y unos pocos barriles de productos químicos inservibles. Medio millar de matarifes saldrán a la calle en tandas. A esto, el gobierno, la oposición y el nacionalismo vasco, le llaman “proceso de paz”.

Vivimos una democracia de mala calidad y un concepto de autoridad y legitimidad del poder que derivan de la “voluntad popular”.  A partir de estos presupuesto, y habida cuenta de que la “voluntad popular” en un país carente de capacidad crítica y que lleva como treinta años de sistema educativo en quiebra, es un concepto cuestionale, cualquier cosa es posible. Incluso que un ZP renunciara a la victoria sobre ETA que ya tenía a su alcance. Pocos de los antiguos presos de ETA se reciclarán en la parte política: la mayoría de  ellos son incapaces de articular ideas, 10 ó 15 años de talego han sido suficientes; no estaban en eso del tiro en la nuca por ideales sino porque su peña lo estaba o para deslumbrar a alguna chati o para hacer la machada y afirmar sus güebs ante el sedicente matriarcado vasco. El terrorismo de ETA fue el último terrorismo que subsistió en Europa, ha terminado más de un cuarto de siglo después del terrorismo irlandés y casi cuarenta años  después de las Brigadas Rojas y de la Banda Baader. Acaba –y esto si que hay que contextualizarlo- cuando empieza el terrorismo islámico.

Formulo una previsión: solamente puede existir una actitud ante el terrorismo, liquidándolo y liquidando las causas que lo generan; la debilidad que el Estado ha mostrado ante ETA volverá a repetirse con los yihadistas. En 1976 ETA estaba vencida y pocos etarras se encontraban en la cárcel. La amnistía de aquel año puso a muchos en libertad y los últimos que quedaban en prisión por delitos de sangre, fueron “extrañados” por Suárez. Al poco tiempo volvían a España y participaban en la campaña electoral de 1977 como si tal cosa. De ahí salió el terrorismo de los años 80, cuando ETA alcanzó sus más altas cotas de crueldad.

Hoy los tiempos son otros: si la debilidad, el mirar a otros lado, la cobardía a la hora de afrontar el fenómeno terrorista, el encontrarle justificación, el “contextualizarlo”, siguen aplicándose al terrorismo islámico, lo tendremos muy grave y lo pagaremos muy caro. No se trata solamente de encarcelar a los terroristas, sino de impedir la progresión del fenómeno. Nuestra sociedad no se puede permitir una ETA-2 con barba de talibán, chilaba rifeña y crueldad de hiena del desierto.